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Mensajeros de esperanza: la universidad en el proyecto de Dios

El tema de la Asamblea Mundial se desarrolló en una serie de exposiciones bíblicas de Lucas y Hechos. A continuación encontrarás un extracto de una exposición. Escucha esta y el resto de exposiciones de la Asamblea Mundial completas en https://ifesworld.org/es/asambleamundial/

Lee Hechos 1:1-11 antes de continuar con este artículo.

En su exposición sobre Hechos 1, Janna Louie de InterVarsity/USA nos invita a profundizar en la esperanza, esa esperanza que da sentido y perspectiva a nuestras vidas y a este mundo roto.

Jesús redefine el poder para los apóstoles. No solo se manifiesta el Espíritu de Dios a través de lo que el mundo considera débil, sino que además este Espíritu se da a personas rotas y vulnerables. En esta redefinición, Dios profundiza en su esperanza. El Espíritu de Dios no es autoprotector. El Espíritu de Dios no es nacionalista. El Espíritu expande su esperanza de lo que es posible.

Los apóstoles esperaban que el Rey Jesús trajera la restauración del reino de Israel, pero su restauración será mayor que esas esperanzas. En lugar de verse como víctimas que debían vindicarse, son testigos que proclamarán la vida, muerte y resurrección de Jesús. Reciben una visión en la que ya no son solo los oprimidos, sino que llevan el testimonio de Jesús por todas las fronteras y límites creados por el imperio. No están confinados en muros construidos por superpotencias, sino que se unen al Espíritu de Dios para cruzar los muros hechos por el hombre. Su testimonio no solo se limitará a Jerusalén, sino que irá a todos los que están en Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra. En esta declaración, Jesús profundiza sobre su visión acerca de la restauración del reino de Israel. El testimonio de Jesús no se limita únicamente a los judíos, sino que se manifiesta a través de ellos a los gentiles. Su esperanza va más allá de su comunidad para incluir a los gentiles e incluso a sus opresores. La liberación de la opresión es una esperanza demasiado pequeña. Jesús invita a una comunidad vulnerable a ministrar la vida, muerte y resurrección de Jesús incluso a aquellos por culpa de los cuales son vulnerables.
[…]
El poder del Espíritu Santo es una invitación, en primer lugar, a ver a Jesús resucitado en los lugares donde vivimos. A ver nuestros países natales con los ojos de Jesús. A llevar testimonio de la esperanza de Jesús donde somos más débiles. El poder del Espíritu es el poder que nos permite resistir en los lugares que nos causan dolor. El mandamiento de recibir el poder del Espíritu no es un mero apaño. Es un poder que rechaza conquistar y dominar, pero persevera en el sufrimiento. Es tocar y sanar. Es dolerse y llorar. Es esperar con esperanza. Es el poder de testificar sobre la vida de Jesús en los lugares donde vivimos. […] El poder del Espíritu Santo invita a las personas vulnerables a transformar el mundo que las rodea.

Escucha toda la exposición aquí.

Agua que Vivifica en Circunstancias Difíciles

Mis vacaciones de verano del año 2012 resultaron ser un accidente de bicicleta, seguido de una cirugía de emergencia, un período de recuperación de dos meses y más cirugía. Me resultó muy difícil encontrar paz en esta situación, especialmente porque seguía sufriendo las consecuencias de un accidente aún peor que había sufrido tres años atrás.

Le dije al Señor, “Sé que eres bueno, eres bueno con todo el mundo, pero no conmigo. No veo tu bondad en mi vida. Te sigo y te sirvo, pero mi cuerpo está roto y mi corazón quebrantado. ¿Dónde está tu bondad?”

La tristeza, la confusión y la apatía me rodeaban mientras transitaba por este desierto espiritual. No podía “arreglarme” a mí misma y otra gente no podía ayudarme, sus palabras entraban en mis oídos pero no alcanzaban mi corazón.

A lo largo de esos meses, solo pude oír al Señor hablándome a través de la Biblia. El Espíritu Santo usó mi decisión de leer la Biblia sin importar cómo me sentía o lo que pensaba acerca de mí misma y de Dios. En mi desierto, el Espíritu Santo me daba un sorbito de agua para sobrevivir cada día. Estaba viviendo tan solo por esa agua – la Palabra de Dios – bebiéndola poquito a poquito.

Leí el libro de Job. Él me entendía. Él clamó al Señor en su miseria y en la amargura de su alma: “No encuentro paz ni sosiego; no hallo reposo, sino sólo agitación” (Job 3:26). ¡Mi angustia y mi sufrimiento estaban ahí mismo, en medio de la Biblia!

El Señor me habló a través del Salmo 145: Yo soy clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor (v8). Yo soy bueno con todos (v9). Yo levanto a los caídos y sostengo a los agobiados (v14). Yo estoy cerca de quienes me invocan, de quienes me invocan en verdad. Cumplo los deseos de quienes me temen;  atiendo a su clamor y los salvo. Yo cuido a todos los que me aman (v18-20).

El Espíritu Santo dejó que estas palabras calaran profundamente en mi corazón: “Estoy cuidando de ti, te he escuchado y te salvaré…” A través de las Escrituras pude creer de nuevo que el Señor es bueno, que siempre es bueno, es bueno con todo el mundo, ¡incluso conmigo!

Lilit Avayan, Secretario General Armenia
lilitavayan (at) yahoo.co.uk