Transformada por el profeta llorón – Cómo Dios utilizó a Jeremías para cambiar mi forma de orar

(Paula, Eurasia)

He de admitir que cuando me pidieron que intentara escribir sobre mi experiencia con el libro de Jeremías, me mostré reacia al principio… significaba que tendría que volver a enfrentarme a lo que fue un tiempo de crecimiento doloroso, ¡aunque fuera una lucha que mereció la pena al final!

El libro de Jeremías me acompañó mientras intentaba hacer frente a algunos recuerdos familiares difíciles y al daño intergeneracional. El llamado y la vida de Jeremías fueron diferentes a los míos, por supuesto, pero la historia de Jeremías y en especial su relación con Dios durante varias décadas me invitaron a aprender más del Dios viviente en estos “textos de desastre”.

Dios llamó a Jeremías cuando era joven y débil para que predicara a la rebelde Israel. Padeció lo que parecía ser un ministerio sin fruto, además de soledad, encarcelamiento y burlas. A pesar de su sufrimiento personal, Jeremías siguió adelante: en su relación con Dios, amando a su propio pueblo (aunque se desesperara con él) y sirviendo al Dios de esperanza incluso cuando no podía ver que la salvación fuera posible.

¿Cómo le hablas a Dios cuando las estructuras normales de la familiaridad y la supervivencia se abren, se arrancan y demuestran ser simplemente paja? ¿Qué palabras puedes utilizar cuando llegas a ese punto de desesperación?

Las descripciones poéticas que hace Jeremías de Dios (por ej. 2:13, 2:32, 18:6, 50:44) y sus quejas incontroladas, honestas y hasta groseras a Dios (sus “confesiones” en los capítulos 11-20) fueron como un abrelatas: me abrieron a mi propio dolor y me permitieron ser totalmente honesta a la hora de poner mi experiencia delante de Dios con palabras que no me había atrevido a usar antes en oración. Quizás por mi reserva británica me había contenido o quizás simplemente no quería enfrentarme a algunas de esas luchas de las que Dios quiere salvarnos.

Necesitaba aprender el lenguaje del lamento, más allá de la alabanza y la petición, para conectar con Dios en medio de la realidad del dolor y la lucha. Necesitaba sentir la tranquilidad de que el Dios con el que me encontré en Jeremías (firme, que no se siente amenazado cuando su pueblo se enfada con Él) es el mismo Dios que trajo esperanza y transformación a su pueblo en Cristo. Comencé a pedirle a Dios que fuera para mí lo que Él dice ser.

La amarga experiencia de Jeremías con su pueblo y su lucha con (no contra) Dios me enseñó a llorar los errores pasados de mi familia. Pude llorar lo que se había perdido y sentir dolor por la injusticia, y no dejar que el orden de las cosas pasadas siguiera igual, por lo menos en mi corazón. El libro de Jeremías nos enseña que como creyentes podemos apelar a un Dios que es capaz de transformar el corazón de la gente; el Dios viviente puede hacer algo nuevo de la nada, traer arrepentimiento en medio de la rebelión, crear una vida recta tras el arrepentimiento.

 Lecturas adicionales:
Walter Brueggemann, La imaginación profética.
Eugene H. Peterson, Correr con los caballos. La búsqueda de una vida mejor.

“Soy un siervo de la luz que no se apaga”

(Escrito por David Bahena, Secretario Regional IFES América Latina)

Tuve el privilegio de conocer a Jesús cuando tenía 16 años. Hubo un cambio radical en mi vida, apareció un gozo y un propósito de vida. Al mismo tiempo, me sobrevino un hambre por leer las Escrituras, ahí empezó mi peregrinaje con ella.

En COMPA me enseñaron a estudiar la Palabra, compartirla y contextualizarla. Soy parte de una generación que creció con el método inductivo, participando en talleres con Ada Lum. Samuel Escobar en “Así leo la Biblia” lo describe de esta manera: “aprender a observar con precisión el texto, interpretar su mensaje, y aplicarlo a la vida personal”. Luego llegó la etapa de compartir las Escrituras con compañeros de la universidad. No había mayor gozo que ver a mis compañeros descubriendo a Jesús en estos grupos pequeños y siendo transformados por la Palabra. Así mismo, por nuestra realidad en América Latina, fuimos enseñados a relacionarla con nuestro contexto. La Palabra que es pertinente para el ámbito académico, para la realidad social, política y económica de nuestro país.

Tiempos después sirviendo como obrero estudiantil enfrentamos una etapa de sequedad y renovación. Los obreros, al preparar tantos talleres, predicaciones y estudios bíblicos, corremos el riesgo de convertir las Escrituras en un instrumento de trabajo. Leemos y estudiamos pero ya no arde nuestro corazón. Fue así que después de tres años como Secretario General comenté con Douglas Stewart: no tengo ganas de leer las Escrituras, ni de orar, no entiendo que me está pasando. Dios abrió un nuevo camino de espiritualidad y renovación centrada en la Palabra. Este nuevo acercamiento apuntaban a la meditación, la oración y el retiro. Un tiempo para aprender a orar con la Palabra, y el Espíritu, poco a poco, me fue transformado y renovando.

La Palabra también ha definido mi mandato/vocación de vida. En el verano del 2003, en Cedar Campus, mientras Dios restauraba nuestro matrimonio, nos invitaba para cultivar una espiritualidad humilde, enraizados en la Palabra y en el poder del Espíritu (Mateo 12:18-21). Luego años después Dios reconstruyó mi sentido de identidad, me despojó del ropaje de obrero y me invitó a volver a casa para cultivar una espiritualidad que nos hace mejores padres, amigos y ciudadanos (Juan 4:46-54). De la misma manera el año pasado, en Pasadena, Dios proveyó descanso y renovación, fuimos invitados a cultivar una espiritualidad que florece y perdura aún en medio de las adversidades y del desierto (1 Pedro 1:3-5). Así Dios nos llama para acompañar a una generación de líderes emergentes para facilitar el encuentro con el Señor centrado en la Palabra, modelando un liderazgo humilde y transparente, fortaleciendo las relaciones básicas de la vida y la familia, y perseverando aun en contextos de adversidad.

David Bahena
David sirve a IFES como Secretario Regional para América Latina.

“Cuando Dios abre mis oídos”

“Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios” (Salmos 46:10)
“Que de día el Señor mande su amor, y de noche su canto me acompañe” (Salmos 42:8)

Esuchar la Palabra. Escuchar mi vida. ¡Escuchar la voz apacible y suave de Dios!

La mayor parte de nuestras vidas es un ajetreo constante. Muchas experiencias pasan por nuestra vida a toda velocidad: las personas que conocemos, nuestros ministerios y los acontecimientos de la vida.

Para mí, el 2017 fue un año así. Subí a muchos aviones para visitar a los movimientos de mi región, di muchos sermones y exposiciones bíblicas, escuché a muchas personas mientras pasaban por peregrinajes duros, lloré 4 muertes (la de mi querida madre, la de mi compañera de habitación en la universidad y dos compañeros en Asia del Este) y asumí el papel de Secretaria Regional de IFES, Asia del Este.

Las vidas ajetreadas y que no son examinadas empiezan a dejar escapar impaciencia, fatiga, enojo, amargura y autocompasión. No podía parar ninguna de estas experiencias vitales y ministeriales. Sin embargo, por el bien de mi propia sanidad, encontré la voz apacible y suave de mi Señor llamándome a… ¡la soledad! En el 2017, conseguí ir a siete retiros espirituales (no solo participé en todos si no que también organicé algunos de ellos). Dos de ellos duraron tres días, cuatro solo duraron tres horas y uno duró cuatro días.

En uno de los retiros, cada participante recibió pequeñas porciones de las Escrituras para meditar y escuchar la Palabra (Salmo 42, 1 Corintios 4:7-16, Éxodo 19:1-6 y Josué 3). Esperé con estos pasajes, y el espacio que había ido creando mientras esperaba con la Palabra empezó a hablarme. Estaba “oyendo” la Palabra empapando mi vida. También empecé a “oír” mi vida, la pena que había ido acumulando y las preguntas que surgían. El mejor regalo fue “oír” a Dios, que había estado allí en todo momento. Empezó a manifestar Sus promesas y Su sanación de una nueva manera.

Después de cada uno de estos “retiros”, ¡volvía con un nuevo mandato! Un llamamiento más claro de cómo continuar. Para mí, estos tiempos de retiro no eran una opción, si no un oasis donde podía beber hasta saciarme y hacer espacio para la vida. Así, sé que, para mí, el 2017 fue un año de “fuertes golpes y aprendizaje duro”, pero también fue el año en qué sin duda “me llevó sobre las alas de las águilas y cantó su canción sobre mí en la noche”.

¿Qué hago en mis retiros?

  • Traigo los asuntos, preocupaciones y experiencias de la vida que quiero examinar.
  • Le pido a Dios que me dirija hacia un pasaje de las Escrituras en el que pueda meditar.
  • Derramo mi corazón y espero y escucho.
  • Escucho Su Palabra, Su voz y escucho mi vida. Escucho mientras ando y cuando me siento. Escucho a la naturaleza, las imágenes o las palabras que Él trae a mi corazón y mente.
  • A medida que escucho, voy respondiendo desde donde estoy. Converso con Dios.
  • Todo ello queda escrito en mi diario, ¡que es como una herramienta de respaldo mientras escucho!

¡A disfrutar de los retiros, querido amigo/a!

Annette Arulrajah
Secretaria Regional de IFES para Asia del Este

Llegar a ser una comunidad que escucha

Durante los últimos años, he tenido el privilegio de invertir en líderes mediante la Red de Obreros Jóvenes. Se trata de una red de nuevos obreros que sirven con IFES en Europa. Nuestro objetivo es ser una comunidad que permita que los obreros crezcan y sienten una buena base al principio de su ministerio. El año pasado por estas fechas, me puse a pensar en lo que podría significar para esta comunidad de aprendizaje el ser una comunidad que escucha, una comunidad transformada constantemente por la Palabra. Este pensamiento corroboró una sensación que ya tenía: pasamos mucho tiempo enseñando la Palabra a otros pero no estaba segura de si nuestro compromiso personal con la palabra era igual de prioritario.

Así que dimos un reto a nuestros jóvenes obreros. Les pedimos que se empaparan de la historia de Pedro durante un período de 6 meses. Tenían que leer Marcos, Hechos y 1ª de Pedro, así como también hacer unas tareas tanto individualmente como junto con otros. Queríamos que analizaran de qué manera transformó Dios a Pedro para ser líder y, con ello, que reflexionaran sobre cómo Dios los estaba moldeando a ellos.  

Al final del reto, nos juntamos para reflexionar y compartir nuestra experiencia. Esta reunión fue, a la vez, desalentadora y esperanzadora.

Fue desalentadora porque confirmó que el compromiso personal con la Palabra de Dios no es una prioridad. Aunque hubo excepciones, a la mayoría de obreros se les hacía difícil encontrar tiempo para ello. Estaban tan ocupados haciendo que dedicar un tiempo a empaparse de la Palabra de Dios parecía un lujo que no se podían permitir. No creo que sean los únicos a quienes les cuesta esto. Todos tenemos la tentación de poner toda nuestra atención en lo que hacemos, en aquellos aspectos de nuestro ministerio que están a la vista de todos. Entonces, empezamos a descuidar nuestra necesidad de transformar y renovar constantemente nuestro corazón y nuestra mente mediante la Palabra de Dios. Llegar a este punto es extremadamente peligroso.

Sin embargo, esta experiencia también me mostró algo más: que cuando dedicamos tiempo a escuchar la Palabra juntos en comunidad, Dios habla y su Palabra transforma. Mientras reflexionábamos juntos sobre lo que habíamos aprendido, encontramos un tema en común: Dios es paciente en la forma en que desarrolla líderes. Cuando reflexionábamos sobre el fracaso de Pedro, lo vimos otra vez: No es nuestra aptitud la que permite que Dios nos use, si no su gracia.

Como Pedro, somos propensos a fracasar, tal y como muestra nuestra falta de compromiso con la Palabra de Dios. Pero Dios es paciente con nosotros y quiere ofrecernos su gracia. Dios desea hablar con nosotros, así que escuchemos.

Heledd Job
Heledd es de Gales y vive en Italia. Forma parte del equipo de Desarrollo del Liderazgo de IFES Europa y se encarga principalmente de coordinar la Red de Obreros Jóvenes.

Face-The-Book

FacetheBookFace-The-Book (“Enfrentarse al libro”) es una iniciativa que ha puesto en marcha CARIFES (Caribbean Fellowship of Evangelical Students), el movimiento de IFES del Caribe, para promover el compromiso con las Escrituras. El objetivo es ayudar a los jóvenes a estudiar la Biblia. En concreto queremos que los estudiantes desarrollen el hábito de pasar tiempo con la Palabra de Dios y orar diariamente. Hemos diseñado esta iniciativa específicamente pensando en la generación actual que utiliza las tecnologías de la información y comunicación, con terminología del mundo de la informática que conocen bien los estudiantes.

Quads

Una de las características singulares que tiene esta iniciativa de estudio bíblico es el hecho de que a los estudiantes se les anima a formar grupos de cuatro, llamados “quads”. La idea es que cada grupo se reúna una vez por semana. Ofrecen apoyo mutuo, ánimo y rendición de cuentas, y los miembros van aprendiendo cada vez más de la Palabra de Dios y la ponen en práctica.
Las actividades que se suelen hacer en los grupos son:

  • Orar regularmente unos por otros.
  • Ver cómo los demás miembros del grupo van progresando en su estudio de la Palabra de Dios y cómo la van compartiendo.
  • Compartir lo que han aprendido de la Palabra de Dios durante la última semana.
  • Compartir recursos de estudio bíblico.
  • Animarse mutuamente para seguir estudiando la Biblia y compartiendo actividades.

Cada uno de los miembros del grupo firma un compromiso personal sobre su vida espiritual.
Cada quad tiene un mentor, que puede ser un líder estudiantil, obrero, profesor, pastor de jóvenes u otra persona madura. Los mentores están ahí para orar por los quads, animarlos y motivarlos.

Devocional Personal o “PDF”

Esta iniciativa anima a los estudiantes a pasar un tiempo devocional personal con la Palabra de Dios, utilizando el método “PDF” (Personal Devotion Focus):
Documento: ¿Cuál es el pasaje de las Escrituras para hoy?
Fondo:  ¿Cuál es el trasfondo de este pasaje?
Revisión: ¿Cómo ha sido su caminar con Dios en relación con lo que ha leído en este pasaje?
Resaltar: ¿Qué punto o puntos de este pasaje le gustaría resaltar?
Eliminar: Tomando este pasaje como referencia, ¿qué querría eliminar de su vida?
Copiar: Tomando este pasaje como referencia, ¿qué querría copiar y poner en práctica en su vida?
Subrayar: ¿Qué versículo(s), pensamiento(s) o idea(s) le gustaría subrayar, memorizar o meditar?
Compartir: Según lo que ha extraído del pasaje hoy, ¿qué le gustaría compartir con otras personas: cara a cara, por teléfono, por mensaje de texto o en redes sociales, etc.? ¡Pase la voz!
Orar: Piense en lo que ha aprendido del estudio de hoy y pase un tiempo en oración.

El manual de Face-The-Book contiene pasajes de la Biblia como lectura recomendada y explica de qué se trata la iniciativa y cómo llevarla a cabo. El manual se está revisando actualmente y dentro de unas cuantas semanas estará disponible en inglés, francés y neerlandés.

Si les interesa el manual o tienen alguna otra pregunta, escriban a Bevaun Ragobeer, Coordinador del Compromiso con las Escrituras en la región del Caribe, a la siguiente dirección de correo electrónico: carifes100(at)gmail.com.

Descubrir la Gran Historia

Siempre solemos leer los mismos libros de la Biblia: aquellos que son fácilmente accesibles y que nos encantan. ¿Esto puede causar que no lleguemos a descubrir algunos aspectos del carácter y de los propósitos de Dios? Dios nos dio 66 libros: no 13, ni 40.

“Word UP” es un proyecto que lleva a cabo TSCF, el movimiento de IFES de Nueva Zelanda. Anima a los estudiantes a descubrir la Biblia entera. Hablé con Li Lian Lim, obrera de TSCF, para descubrir más:

_Describe el proyecto de “Word Up”.
“Word Up” es un foro en Facebook para leer la Palabra individualmente y como grupo. La página de Facebook permite que los estudiantes puedan hacer preguntas y ayudar a otros con las suyas. También la utilizamos para poner recursos y el plan diario de lectura.

En 2011 “Word Up” comenzó con 99 días de lectura de los Salmos durante el verano. En 2012 animamos a los estudiantes a leer el Nuevo Testamento en 27 días. Un libro por día. Ahora estamos animando a los estudiantes a seguir un plan para leerse el Antiguo Testamento en 4 meses.

_¿Qué les motivó a organizar “Word Up”?
Al hablar con algunos líderes estudiantiles me di cuenta de que nunca se habían leído la Biblia entera. En los círculos cristianos a menudo se citan versículos bíblicos fuera de contexto para apoyar una gran variedad de posturas cristianas. Yo esperaba que después de leerse la Biblia entera los estudiantes empezaran a apreciar el panorama general y vieran cómo los pasajes sueltos encajaban en este contexto.

_¿Cómo participan los estudiantes en el proyecto?
El año pasado un grupo de líderes estudiantiles probó el material antes de lanzar la página de Facebook. Rechazaron lo que pensaban que no conectaría con los estudiantes y sugirieron alternativas. Este año un equipo de estudiantes se ha comprometido durante un mes a escribir entradas diarias en un blog sobre los pasajes de la Biblia que se vayan leyendo.

Zane Norvill, uno de los blogueros, escribe: “Escribir algo para los demás es una forma de rendir cuentas y me motiva a pasar más tiempo meditando sobre un pasaje. Cuando leo para mí mismo nada más a veces no lo interiorizo ni lo recuerdo tan bien”.

Empiecen su propio “Word Up”. Únanse a los estudiantes de TSCF en Facebook. O dejen que este proyecto les inspire: ¿Cómo pueden empezar a explorar aquellas partes de la Biblia que no conocen tan bien? ¿Con quién podrían compartir preguntas y pensamientos de su lectura bíblica personal? ¿Han pensado alguna vez leer un libro de la Biblia de un tirón? Si no lo han hecho, ¡pruébenlo!

Sabine Kalthoff

Más información sobre “Word Up”:

Un resultado inesperado después de leer las Escrituras. Un testimonio.

Aunque mis padres eran ateos, se consideraban musulmanes. Yo me hice musulmán tras la caída de la Unión Soviética, cuando la religión volvió a permitirse. Algunos de mis parientes me dijeron que me estaba volviendo cada vez más fanático.

Pero entonces mi hermana aceptó a Jesús como su Salvador y cuando nos comunicó su decisión, todos nos opusimos a ella. ¡Qué vergüenza para nuestra familia musulmana! La presionamos y yo incluso llegué a pegarle una vez. Mientras estuve fuera de casa en el ejército, la fe de mi hermana maduró y se hizo más valiente. Cuando volví me sorprendió la confianza con la que mi hermana compartía acerca de Jesús, pero sus palabras no me decían nada. Yo la veía como una traidora.

Un día mi hermana me invitó a unos cursos gratuitos de inglés. Me di cuenta de inmediato que las personas que ofrecían los cursos probablemente serían misioneros, pero me daba igual. Quería aprender inglés para poder encontrar un buen trabajo o emigrar a Occidente para tener una vida mejor. Después de las clases de inglés se nos invitó a quedarnos a unos estudios bíblicos. Después de un tiempo empecé a quedarme y discutíamos a menudo: Yo argumentaba que Jesús era sólo un profeta; ellos estaban convencidos de que era Dios. Algo que me impresionó fue el amor que mostraban. Yo a veces faltaba al respeto pero siempre me sentía aceptado.

Después de asistir a este grupo regularmente durante un año, decidí leer el evangelio. Quería probarles a estos “cristianos perdidos y engañados” que Jesús no era un Dios, sino sólo un profeta. Así que empecé a leer y muy a mi pesar disfruté con la lectura. Todos los días volvía a casa corriendo desde el trabajo para seguir leyendo. Todo iba bien hasta que leí Juan 14:6: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí”. Esta declaración me impactó. ¿“Nadie”? ¿Y los musulmanes? Entonces, ¿qué debo hacer? Deseaba que Jesús no hubiera dicho eso…

Entendí que tenía que tomar una decisión. Esta fue mi primera oración a Jesús: “Jesús, si realmente eres un Dios, házmelo saber y te seguiré”. Pasó algún tiempo y sentía una paz que nunca había sentido antes. Acepté a Jesús como mi Salvador. No se lo conté a nadie durante unos dos meses. Cuando se lo conté a mi hermana, me dijo con alegría: “¡Sabía que ocurriría! He estado orando por ti durante todos estos años”. Esto ocurrió en el año 2001 y he andado con el Señor desde entonces.

El autor trabaja como voluntario en el ministerio de IFES.

Agua que Vivifica en Circunstancias Difíciles

Mis vacaciones de verano del año 2012 resultaron ser un accidente de bicicleta, seguido de una cirugía de emergencia, un período de recuperación de dos meses y más cirugía. Me resultó muy difícil encontrar paz en esta situación, especialmente porque seguía sufriendo las consecuencias de un accidente aún peor que había sufrido tres años atrás.

Le dije al Señor, “Sé que eres bueno, eres bueno con todo el mundo, pero no conmigo. No veo tu bondad en mi vida. Te sigo y te sirvo, pero mi cuerpo está roto y mi corazón quebrantado. ¿Dónde está tu bondad?”

La tristeza, la confusión y la apatía me rodeaban mientras transitaba por este desierto espiritual. No podía “arreglarme” a mí misma y otra gente no podía ayudarme, sus palabras entraban en mis oídos pero no alcanzaban mi corazón.

A lo largo de esos meses, solo pude oír al Señor hablándome a través de la Biblia. El Espíritu Santo usó mi decisión de leer la Biblia sin importar cómo me sentía o lo que pensaba acerca de mí misma y de Dios. En mi desierto, el Espíritu Santo me daba un sorbito de agua para sobrevivir cada día. Estaba viviendo tan solo por esa agua – la Palabra de Dios – bebiéndola poquito a poquito.

Leí el libro de Job. Él me entendía. Él clamó al Señor en su miseria y en la amargura de su alma: “No encuentro paz ni sosiego; no hallo reposo, sino sólo agitación” (Job 3:26). ¡Mi angustia y mi sufrimiento estaban ahí mismo, en medio de la Biblia!

El Señor me habló a través del Salmo 145: Yo soy clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor (v8). Yo soy bueno con todos (v9). Yo levanto a los caídos y sostengo a los agobiados (v14). Yo estoy cerca de quienes me invocan, de quienes me invocan en verdad. Cumplo los deseos de quienes me temen;  atiendo a su clamor y los salvo. Yo cuido a todos los que me aman (v18-20).

El Espíritu Santo dejó que estas palabras calaran profundamente en mi corazón: “Estoy cuidando de ti, te he escuchado y te salvaré…” A través de las Escrituras pude creer de nuevo que el Señor es bueno, que siempre es bueno, es bueno con todo el mundo, ¡incluso conmigo!

Lilit Avayan, Secretario General Armenia
lilitavayan (at) yahoo.co.uk

Escuchar y el Estilo de Vida

¿Ha conversado alguna vez con un estudiante y repentinamente se ha dado cuenta de que se ha perdido lo que esa persona estaba diciendo? ¿Alguna vez ha leído un pasaje bíblico sin absorber su contenido? Yo sí. Para muchos de nosotros, escuchar es todo un reto. Nuestros pensamientos están llenos de tantas cosas; estamos pre-ocupados. Y entonces somos incapaces de asimilar nada nuevo.

Para poder sobrevivir en nuestros estudios, muchos hemos aprendido a hacer lecturas diagonales. Leemos rápidamente para ser más eficientes, pero cuando aplicamos esto a las Escrituras no es nada efectivo. Salvo que vayamos más despacio, no escucharemos bien. ¿Cómo podemos aprender a pararnos y escuchar en medio de nuestras ajetreadas vidas? ¿Cómo podemos crear espacio para recibir la Palabra de Dios? La respuesta a estas preguntas no tiene que ver con cómo leemos nuestra Biblia, sino que también está relacionada con cómo vivimos nuestras vidas enteras.

El poder escuchar bien la Palabra de Dios tiene que ver con nuestro estilo de vida. El año pasado, Isra Ortiz, obrero de GEU Guatemala, se dio cuenta que necesitaba hacer algunos cambios en su vida:
En los últimos años desarrollé el hábito de desvelarme. Sabía que no era un hábito sano pero no me preocupé mucho. Sin embargo, eventualmente me di cuenta de que me estaba afectando de maneras negativas. Me costaba levantarme por la mañana. Con frecuencia me sentía cansado durante el día, y siempre me encontraba en una carrera. Todo esto me impedía tener tiempos de calidad con el Señor y su Palabra. Me sentía cansado, pero también intranquilo, desesperado por la presencia de Dios y su dirección.

El Señor me hizo entender claramente que debía hacer un cambio práctico en mi estilo de vida: irme a dormir más temprano. ¡Por el bien de mi salud pero también por el bien de mi alma! Actualmente estoy en el proceso de cambiar mi antiguo hábito.

Algunos días me cuesta mucho, pero por la gracia de Dios ha habido avance. Este simple cambio en mi estilo de vida me está ayudando a tener un mejor descanso, a levantarme más temprano y a empezar el día con Dios. Desde que comencé a leer la Biblia por las mañanas, tengo una nueva relación con la Palabra de Dios. Estoy disfrutando a Dios desde el comienzo del día. Y eso lo cambia todo.

El escuchar bien también está relacionado de otra manera con nuestra forma de vida. Incluye la obediencia, respondiendo a lo que oímos de palabra y de hecho. Jesús dijo: “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lucas 8:21).

Sabine Kalthoff

¡¿Le han dejado solo?!

En la comunidad cristiana se nos habla de la importancia de pasar tiempo a solas en la Palabra de Dios.

A veces se nos da formación en la lectura personal de la Biblia.

A veces nos dejan solos para vivir este aspecto importante de su vida.

Quizá su contexto sea diferente, pero parece que esto ocurre con frecuencia. A solas, muchos estudiantes luchan. Quieren pasar tiempo en la Palabra de Dios, pero se encuentran con muchos obstáculos. ¿Deben sobreponerse a ellos solos? Por definición, la lectura bíblica es algo que hacemos solos. ¿Significa acaso que debemos luchar solos?

La primavera pasada, un estudiante suizo envió un cuestionario acerca de la lectura de la Biblia a estudiantes en Suiza y Francia. Una de las preguntas era: ¿Qué les animaría a leer la Biblia?

Muchas de las respuestas apuntaban a la misma dirección:

  • “Definir un pasaje bíblico de antemano que todo el mundo deba leer durante la semana y compartir acerca del texto la próxima vez que nos reunamos.”
  • “Decidir usar el mismo plan de lecturas en nuestro grupo estudiantil. Todos leemos los mismos pasajes y entonces compartimos acerca de ellos. Creo que esto sería muy motivador.”
  • “El tener amigos que leen el mismo pasaje bíblico el mismo día. Eso me daría mucha presión positiva.”
  • “Establecer todas las semanas mini-grupos de dos personas que lean el mismo pasaje bíblico y que compartan acerca de lo que han leído.”

Otras respuestas fueron muy parecidas. Estos estudiantes quieren un contexto de comunidad para sus lecturas personales de la Biblia. Sus sugerencias merecen ser probadas. Recientemente, un estudiante escribió diciendo que él y un amigo suyo leen un capítulo de la Biblia al día. Durante el día, se intercambian mensajes de texto acerca de sus lecturas. Él comparte: “Compartir nos ha ayudado mucho a disfrutar de la lectura de la Biblia.”

Estas no son las únicas formas de crear un contexto comunitario para la lectura personal de la Biblia. ¿Qué otras experiencias o ideas le vienen a la mente?

Tiempo a solas en la Palabra de Dios. Tiempo para profundizar en la intimidad de nuestra relación con Jesús. Tiempo para detenernos, recibir y recuperar la perspectiva en nuestras vidas diarias. No nos dejemos solos en esta faceta tan importante de nuestra fe.

Sabine Kalthoff